Así que...mi ilusión era tocar el piano...como las niñas del cuadro...como las niñas de todas las familias que había conocido, como un mandato de la presencia terrenal: NIÑA-PIANO.
En el Colegio María Auxiliadora, las Monjas dictaban clases de piano como materia Extra-curricular.
Por lo tanto había que pagarlas aparte.
Poco podía yo saber de las necesidades y los apremios económicos que mi madre sufría fuera del ámbito del Colegio, tan solo para pagar la cuota de sus cuatro hijos. No era fácil la viudez en los años 60...
Nunca supe cómo lo logró, lo cierto es que mi carita era puro gozo y felicidad el día que pude entrar al salón del piano para comenzar mis clases.
Nunca supe cómo lo logró, lo cierto es que mi carita era puro gozo y felicidad el día que pude entrar al salón del piano para comenzar mis clases.
La música, genial idioma universal, me sumía en un estado de profunda devoción y comunión conmigo misma. No importaban las horas de solfeo, si una vez en la semana podía tocar los misterios de las teclas blancas y negras de marfil brillante...
Hoy no logro recordar cuánto tiempo transcurrió envuelta en la alegría que me producían las horas de música.
Si recuerdo, amargamente, la mañana en que la Hna. María me dijo que no podía entrar más a las clases de piano, porque mi madre no podía pagar las lecciones...
HERMANAS, QUE GENIA MUSICAL HAN PERDIDO!!!! QUE PIANISTA EXCELSA!!! QUE NIÑA PRODIGIO!!! QUE PÉRDIDA PARA LA HUMANIDAD!!!
Durante dos días, las lágrimas fueron toda mi comunión.


Por lo visto tenemos mucho en común, el piano para mí es un tema pendiente, que quien sabe no? mi padre, no el de sangre,si no el que me crió, le prohibió a mí mamá que me mandara a clases de piano, su excusa era que jamás el podría comprarme uno,en ese momento a mí no me importaba, no podía comprender, que tenía que ver, el aprender, con la compra de uno en el futuro! no lo entendía en ese momento y tampoco ahora, pero un día cuando ya tenía 13 años, mi mamá conoció a alguien que tenía un piano en su casa , decidió mandarme a escondidas de él, entiendo la emoción por la que pasaste cuando eras niña , al verte frente a ese inmenso y hermoso instrumento, por que yo la sentí por solo tres meses, hasta que mi padre se enteró, lo demás lo dejo a la imaginación de quien lo lea.
ResponderEliminarTengo en mis recuerdos una cocina enorme llena de cacerolas y utensilios y muchas verduras, no recuerdo si aquella vez estaba sola o con con alguien más, lo que si puedo recordar era un chillido espantoso que venía del patio trasero de ese colegio, me subí a una inmensa mesada y espié por una de sus ventanas alargadas, tipo ventiluz, me impresionó mucho al darme cuenta de que ese chillido le pertenecía a un pequeño lechoncinto, horrorizada me quedé al ver como una monja le clavaba un cuchillo en la garganta,al ver toda esa sangre salí corriendo re asustada, recuerdo risas supongo que sería por mí, luego a la hora del almuerzo durante el postre me sirvieron algo de color rojo, y me decian que estaba hecho con sangre seguido de muchas risas más, obviamente que yo no lo quería comer, por supuesto que me obligaron. De ahí no recuerdo más, pero sí durante casi toda mi vida no podía ni oler la morcilla ya que me había enterado que era a base de sangre.
ResponderEliminarQue locura nó?